El camino detrás del castillo.

De madrugada, un día antes de la batalla,
lustro la armadura mellada,
me quedo mirando mis ojos,
esperando el llamado estruendoso.

Pensando, cuando por fin algo me mata
el corazón atraviesan con una espada,
perforan mi pecho esta dejarlo hueco
cascaron vacío de lo que pienso.

No temo a combatir y perder,
la muerte se aleja y sonríe.
Crédula de su entereza finge,
abriendo los brazos para recibirme.

No habrá lamentos en la batalla,
no comeré el fuego incandescente,
temblará junto al furor de mi kasanga,
llegar de frente y besar a Perséfone.

Robarle de tajo el amor a la muerte,
quitar de sus labios sacros
el sabor sagrado.

 

 

 

 

 

 

 

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